Productos falsos, salud pública y las familias

Dentro de los roles que ejercemos como Aduanas está la protección de la propiedad intelectual e industrial, cuyo Día Internacional se conmemora cada 26 de abril. Para realizar esta tarea con la mayor efectividad posible nos asociamos con organismos como el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INAPI) o la Organización Mundial de Aduanas (OMA), con las policías, el Ministerio Público, los gremios del comercio y con los estudios jurídicos que representan a cientos de marcas presentes en el país.

También usamos software y bases de datos especializadas y nos capacitamos constantemente, para que nuestras funcionarias y funcionarios puedan detectar los productos falsos que ingresan al país como contrabando a través de las grandes importaciones marítimas, en envíos de encomiendas que llegan a las áreas de Courier o Postal, en las maletas de los viajeros internacionales o en los miles de camiones y buses que transitan por las fronteras terrestres.

A esto sumamos la participación en procedimientos de fiscalización directamente en las salas de venta o bodegas del comercio establecido en las principales ciudades de Chile, como el Barrio Meiggs de Santiago o las Zonas Francas de las regiones extremas.

Toda esta labor está enmarcada, por un lado, en la protección del comercio legal para aportar al desarrollo socioeconómico del país. Y año a año reditúa muy buenos resultados que se traducen en importantes cifras: el 2020, incluso con el avance de la pandemia que implicó el cierre de fronteras, las Aduanas de todas las regiones decomisaron 8.747.987 de unidades de productos falsificados valorizados en US$ 83.722.807, destacando lo realizado en los puertos de San Antonio, Valparaíso, Iquique y Los Andes.

Pero más allá de los tecnicismos y de las cifras que avalan nuestra gestión, un aspecto que nunca perdemos de vista es que cuando detectamos falsificaciones de productos -especialmente de aquellos de uso cotidiano como medicamentos, cosméticos, vestimentas, bisutería, juguetes o tecnologías-, lo que estamos haciendo es proteger a las familias.

Con el sostenido incremento de los flujos de intercambio comercial transfronterizos, durante la última década el avance de esta problemática en todo el mundo ha llevado a que incluso se falsifique el agua envasada o mineral, rodamientos de vehículos, vacunas contra el Covid-19 y millones de otros productos que ponen en serio riesgo la salud pública e incluso la vida de las personas.

Por eso es muy importante la barrera que las Aduanas establecemos en los controles fronterizos de las importaciones y exportaciones, pero más relevante aún es que cada uno de nosotros tomemos conciencia de los riesgos reales y directos a los que nos exponemos cuando compramos y usamos productos falsos.

Por José Ignacio Palma Sotomayor
Director Nacional de Aduanas